Fake news

Don’t forget to fall in love with yourself first

Carrie Bradshaw

En lo personal encuentro un poco ilógico y redundante quejarme y peor aún utilizar las redes sociales para criticar y quejarme… hace un tiempo decidí no hacerlo como un ejercicio para mi propia paz y salud mental.

Decidí también actuar en aquello que a mi parecer genera un cambio en mi círculo de gente y en las muchas o pocas personas a las que se logra impactar con pequeñas acciones cada día.

Pero ahhhhh, no todo puede ser tan fácil … Pareciera que el no publicar nada en redes sociales denota falta de interés en el mundo y esto me parece lamentable; pareciera que si uno no anuncia con bombo y platillo cada una de sus acciones y pensamientos no hace nada y nadie se toma la molestia de saber si en el mundo real, si ese de carne y hueso en el que todos solíamos coexistir, llevamos a cabo o no aquello que publicamos.

Y es que cuantas veces conocemos personas que en el día a día nos caen muy bien y no las soportamos en las redes sociales o viceversa… que difícil debe ser manejar esta bipolaridad digital, ¿será que el mundo nos está llevando a tener alteraciones de la personalidad así de graves?

No es que esté mal usar las redes, al contrario el buen uso de ellas nos hace tener más información que nunca y usándola responsablemente nos hace en general estar mucho más empapados delacontecer del mundo en el que vivimos. Pero se corre el riesgo (mucho riesgo) de acabar siendo mucho más ignorante al postear cosas falsas o peor aún usando tus perfiles de escaparate para todas nuestras frustraciones y miedos.

Manejemos nuestros perfiles sociales con congruencia e inteligencia de esta manera seguiremos siendo personas reales y no avatares con personalidades inventadas cohabitando en un mundo que básicamente no existe.

Si tienes algo que decir dilo, si viste algo que te gusta publícalo, si comiste algo delicioso compártelo, pero cuida que en tu vida REAL también se refleje aquello que posteas. De lo contrario solo eres una “fake news” más.

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Cosas que dan susto

“Tell him “i love you” and you’ll probably never see him again”

Samantha Jones

-Quieres asustarlo en halloween , disfrázate de “compromiso”-. Decía un meme que me dio mucha risa … and it’s funny, because it’s true.

Y no solo aplica para relaciones amorosas , en la actualidad creo firmemente qué hay una falta enorme de compromiso en todo: trabajos , escuelas , como padres , como pareja, como amig@s, como familia.

Hoy en día la comodidad y la felicidad está sobrevalorada y con esto no quiero decir que ser feliz no sea el último y mejor fin del ser humano, el problema es lo que entendemos por felicidad y la versión hedonista de la misma.

En realidad esto empieza desde que somos niños, nadie nos enseña a qué el sacrificio conlleva en muchos casos al éxito. Que el ser exitoso o tener una vida feliz no significa hacer lo que uno quiera sino que el poder hacer lo que uno quiera es el resultado de un largo proceso que a veces dura la vida entera.

¿Cuántas veces se pierden partidos por default porque el equipo no se completó? , ¿ Cuántas veces empieza tarde una junta por qué alguno de los asistentes simplemente no llegó o “se le hizo tarde? , ¿Cuántas obras arquitectónicas de cualquier tamaño, se han entregado meses tarde porque el proveedor no entregó? , ¿ Cuántas personas (niños y adultos) faltan los lunes por que … pues es lunes? …

Y todo esto avalado por las mismas autoridades (jefes, padres, educadores) que lo justifican y normalizan haciendo comentarios deplorables como “pues es que es MÉXICO”, “pues es que se levantó tarde” … ¡¡¡¡VAYA FALTA DE COMPROMISO!!!!

Para muchos adultos es demasiado tarde , pero si no comenzamos a enseñar a los niños a comprometerse con cualquier actividad que realicen, que no nos sorprenda cuando quieran dejar el trabajo a la primera o no puedan tener una relación amorosa duradera o no se cuente con ellos en la familia.

La palabra “compromiso” se percibe como tétrica actualmente y somos nosotros , los padres de la generación del futuro los responsables de hacer que nuestros hijos sean capaces de adquirir compromisos duraderos y reales.

Los famosos “millenials” entre otras cosas no son más que niños a los que nunca se les enseñó a comprometerse y que por el contrario los hicieron correr en cuanto algo se dificultaba en el camino.

Revirtamos esta tendencia o nuestro mundo pagará las consecuencias.

“Colorear”

“There comes a point in every relationship when romance gives way to reality.” Carrie

Cuando inicia una relación parece que siempre tenemos tiempo para “colorear”. A veces, “coloreas” hasta cinco veces por semana (no duro mucho esa época, pero existió). Después, va pasando el tiempo y no sé si se desgasta la crayola o simplemente creces y vas abandonando el pasatiempo, pero hay semanas que hasta olvidas que puedes “colorear”. Y no es que ya no te guste dibujar (a todos nos encanta pintar de colores la vida), pero los niños, el trabajo, la monotonía… algo le gana a esas crayolas que antes estaban tan ávidas de trazar los rincones de colores.

Lo peor, es que antes las crayolas estaban sincronizadas. El rojo y el amarillo se conectaban perfecto para dibujar el sol, pero con el paso del tiempo a veces el amarillo es el que quiere prender y el rojo está más bien naranja y no quiere saber nada del asunto. Y viceversa.

Y no, no sé cuál es el momento en que “colorear” no se vuelva una prioridad en la vida, pero sí sé que de pronto requiere de un esfuerzo mantener los colores vivos. Quizás la solución esté en recordar que siempre debe haber tiempo para dejar ir la imaginación y “colorear” y no dejar que otras cuestiones de la vida (responsabilidades, quehaceres, etc) acaparen nuestro mundo… porque de por si el tiempo es limitado como para dejar de dibujar y salpicar de colores nuestra existencia con la persona que amamos.

La realidad no está hecha para ser blanca, negra o gris… hay que darle pinceladas de vez en cuando. ¡Vamos a “colorear”!

Las oportunidades de la vida

“Life gives you lots of chances to screw up which means you have just as many chances to get it right.” — Carrie

Todos nos equivocamos. A veces comentemos pequeños errores y a veces estos son tan grandes que cuando por fin te levantas piensas que ni el ave fénix podría salir de las cenizas que te rodean en ese momento. Pero la realidad es que la vida nos da muchísimas oportunidades para reivindicar el camino, para corregir aquello que hicimos mal o simplemente para reinventarnos.

Quizás nuestro error sea decir la palabra incorrecta a la persona que amas. Quizás, el desacierto sea más grave: una mentira, un engaño… y esa equivocación siempre tendrá una consecuencia (unas más fuertes que otras), pero también siempre tendrás una oportunidad para corregir y realizar lo correcto.

Yo suelo comenzar por aceptar el fallo. Y acto seguido, ofrecer una disculpa sincera. Tercer acto, no repetir la falta. No siempre es tan fácil, pero aceptar que cometiste un error es el primer paso para arreglarlo. Y por más oscuro que se vea el panorama hay que recordar que lo único que no tiene solución es la muerte, todo lo demás se puede cambiar.

Y así como te recomiendan que cuando te peleas con tu pareja no te duermas enojado (consejo sabio), también tienes que saber que si eso pasa y te duermes molesto no un día sino varios, habrá una mañana que el sol saldrá y verás con claridad que lo que sucedió es una oportunidad más que te da la vida para reinventarte y ser una mejor persona.

Todos nos equivocamos, la clave está en no repetir el error… y esa es la oportunidad que te da la vida.

De la moda …

…you can’t go listening to every f……. little voice that runs through your head. You’ll go nuts…

Samantha Jones

Oficialmente, a mis 36, casi 37, estoy fuera de moda. Nunca me he considerado seguidora de tendencias precisamente, pero en los últimos años me pasa que cada que voy a una tienda encuentro que, o nada me queda o nada me gusta (que es peor)… será que oficialmente cambié de target? Vamos, que no lo he logrado ni con los jeans rotos…

No me agobia, pero me llama la atención;
termino siempre en blusitas lindas con jeans y me siento bien así, es curioso como con el paso del tiempo vamos construyendo nuestro propio sentido de la moda que al final se convierte en parte de nuestra personalidad y estilo… quien me conoce sabe que tengo una obsesión con las pashminas, bufandas y demás trapos que se ponen al rededor del cuello… en fin, es mi estilo, me da igual o no si es trendy pero creo que se ve bien.

Así pasa también con otros aspectos de la vida donde poco a poco vamos definiendo quienes somos a través de nuestros gustos y estilos. Nuestras amistades, nuestra casa, la manera en que educamos a nuestros hijos, inclusive lo que comemos, define quien somos y esa es la mejor “tendencia” que podemos seguir, aquella en la que auténticamente somos nosotras mismas.

No importa si no desayunamos bowls de chia o si nuestros hijos siguen comiendo lácteos, si tomas agua de garrafón o compras un filtro que ioniza el agua, no importa si caminas en un parque o haces entrenamientos funcionales… aquello que auténticamente te funciona a ti y te hace feliz es lo que está bien.

No permitamos que “estar a la moda” vaya en contra de nuestra genuina felicidad. Con el paso de los años nos damos cuenta que no hay mejor tendencia que ser feliz!

Live and let die…

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“I admit it’s tempting to wish for the perfect boss, or the perfect parent, or the perfect outfit, but the best anyone of us can do is not quit. Play the hand we’ve been given, and accessorize the outfit we’ve got.” -Carrie

Que si soy vegano o vegetariano, que si voy o no a las corridas de toros, que si viajo mucho o viajo poco, que si me gusta andar a la moda o ir en contra, si mi coche tiene placas de la cdmx o de morelos… nunca nada nos va a satisfacer. 

No sé ustedes, pero yo ya me cansé de vivir sintiéndome juzgada por todo lo que hago o digo. 

Nos la pasamos viendo la ventana del vecino que se nos olvida cómo vivir nuestra propia vida. 

Cómo alguna vez dijo un hombre muy sabio: “Live and let die”.

Hay cosas mucho más importantes e interesantes que las arriba mencionadas. Preocúpate y ocúpate de ser feliz tú contigo, con la vida que has recorrido y la que te queda por andar, y si algo no te gusta CÁMBIALO. Nada es permanente, sólo la muerte. 

Así que dejemos al de al lado en paz y tratemos de ocupar nuestro tiempo en cosas más productivas como hacer pequeños cambios en nuestro día a día, ayudemos a nuestro planeta, a nuestra alma y corazón, porque en un suspiro esta pequeña GRAN oportunidad llamada vida, se acaba. 

¡Todo está bien… ¡siempre!

If a guy gets angry, he’s a pistol,

a woman, emotional.

Samantha Jones

Si algo deberíamos aprender de los niños es sobre la resilencia… pierden, ganan, se les rompe un juguete o muere su mascota, se pelean con sus mejores amigos, se enojan con sus hermanos y a los quince minutos están felices.

Felices porque las cosa pequeñas de la vida los hacen felices; un dulce, una galleta, un abrazo, que les digas que pueden cenar pizza o ver una película… con sólo eso todo lo otro se les olvida y vuelven a dibujar una sonrisa.

Y no, no pensemos que es porque sus problemas son pequeños, porque para un chiquito de seis años no ganar el partido de fútbol sí representa un GRAN problema y sí, quizás lloran, quizás están tristes pero al poco tiempo y con un buen abrazo, esta tristeza se hace más llevadera.

¿Por qué vamos perdiendo esta capacidad de “reconstruirnos rápido” con los años? Será acaso que dejamos de darnos cuenta de todo lo bueno que tenemos y por tanto somos incapaces de disfrutarlo, será que un abrazo o unas palabras de aliento oportunas pierden su fuerza con el paso del tiempo?

Por qué cuando tienes seis y tu mamá te dice que “no pasa nada” tú estás convencido de que de verdad “no pasa nada” y todo vuelve a ser normal. ¿Será que no somos capaces de repetirnos de adultos esas palabras sabias de “no pasa nada” y “todo está bien”? Confiemos más en nosotros con esa confianza ciega que teníamos de niños… permitámonos saber que de verdad ¡NO PASA NADA!

Aprendamos un poco más de los niños y su maravillosa capacidad de sortear los problemas de la vida; dejemos las tormentas mentales para otro momento y empecemos a ver la vida más simple, más sencilla, sin tantos prejuicios ni problemas inventamos (o magnificados) en nuestra mente.

Quizás deberíamos hacer el ejercicio de cada que nos enfrentemos a un problema darnos veinte minutos para hacer un berrinche (con patadas en el piso si es necesario) para que cuando éste acabe podamos ver las cosas más claras, en lugar de fingir que todo está bien y no poderlo controlar después.

Démosle la justa medida a las cosas y veremos que quizás eso que nos da vueltas en la cabeza y que lleva días sin dejarnos dormir no es el fin del mundo, contactemos con nuestro niño interior y repitamos una y otra vez “no pasa nada, todo está bien”. Quizás el día de mañana sea demasiado tarde.

Seamos como niños.

Sobre las desilusiones

“Listen to me! The right guy is an illusion. Start living your lives.” Samantha Jones

Ya estamos en la edad de saberlo y aceptarlo, el hombre perfecto no existe y nosotras tampoco somos las mujeres perfectas. El problema es que cuando estamos en una relación queremos que sea magnífica, que nunca bajemos de las nubes, que el romance siga al infinito y más allá… pero en la realidad, habrá discusiones (con y sin importancia), las nubes tendrán tormentas y el romance durará menos que la última temporada de tu serie favorita. Pero si ponemos en la mesa quiénes somos, lo que no habrá son desilusiones. Sarte dijo: “como todos los soñadores confundí el desencanto con  la verdad”, pero si nos desnudamos y dejamos ver quiénes somos en realidad y cuáles son nuestras expectativas del otro quizás no eludiremos las peleas, pero sí los desencantos porque sabemos cuál es nuestra realidad.

En mi caso, fue después de uno de estos altercados (uno de los fuertes) que los dos sentamos en acta los defectos y virtudes que veíamos en el otro. Hicimos nuestras listas y vimos si a pesar de nuestros múltiples defectos y pocas virtudes merecía la pena seguir con la relación. Este ejercicio sirvió por varios temas. Primero, te muestran características tuyas que no habías detectado como defectos. Segundo, analizan si pueden aceptar y superar esos defectos en pro de las virtudes. Porque hay cosas que podemos intentar mejorar de nuestra persona, pero hay otras que ya son como un tatuaje indeleble marcado con doble tinta en nuestra piel y son esas marcas las que debemos decidir si aceptamos o no.

En nuestro caso, concluimos que sí. Y no, eso no ha prevenido que no tengamos discusiones (porque estas siempre existirán), pero jamás hay desilusiones.

Princesas o presidentas

“What if Prince Charming had never showed up? Would Snow White have slept in that glass coffin forever? Or would she have eventually woken up, spit out that apple, gotten a job, a health-care package, and a baby from her local neighborhood sperm bank? I can’t help but wonder if inside every successful driven woman is just a princess waiting to be saved.”

Carrie Bradshaw

Desde pequeñas todas soñamos con ser princesas, lo leemos, lo vemos, lo soñamos… el príncipe azul, ese apuesto, guapo, valiente y noble caballero llegará en su blanco corcel y nos rescatará de el terrible monstruo que nos tiene atrapadas en la torre.

Escuchamos esta historia y sus mil y un versiones una y otra vez… hasta que te la crees.

No importa cuantas dosis de realidad recibas a lo largo de tu vida, en el fondo, muy muy en el fondo, en ese lugar de tu corazón al que la liberación femenina no ha llegado, todas queremos ser princesas.

Y es una creencia con la que tenemos que luchar día con día; porque a la par de estos cuentos de príncipes y castillos también somos bombardeadas otro tanto de historias de empoderamiento, independencia, igualdad de género y liberación que ponen en entredicho todo lo que nos enseñó La Cenicienta.

Esta confusión está presente a lo largo de nuestras vidas y hoy más que nunca debemos considerar el encontrar el fiel de la balanza y establecer conscientemente el tipo de mujer que queremos ser sin luchar con modelos preestablecidos, concebidos socialmente y que no hacen más que llenarnos de culpas innecesarias.

O acaso no han existido princesas valientes, empoderadas e independientes? O bien, no han existido mujeres exitosas en los negocios que caigan perdidamente enamoradas de sus propios príncipes y decidan formar una familia?

En pleno 2018, ¿es necesario cuestionarnos qué tipo de mujer somos? ¿ Es necesario sentirse juzgada si decidimos tener 3 hijos y ser ama de casa? ¿Es justo que seamos juzgadas si optamos por darle prioridad a nuestra carrera profesional? ¿Es necesario justificar aquello que queremos ser?

Y más alarmante aún, en la mayoría de los casos las opiniones y juicios vienen de parte de mujeres que también han pasado por los mismos cuestionamientos.

Hay artículos que aseguran que entre más inteligente eres menos hijos tienes… otros más que aseguran entre más alto grado de estudios tienes menos ganas de tener hijos te dan y este último que me encanta: no te enamores, mejor viaja (todos ellos disponibles en Cultura Colectiva) ¿De verdad?

Me parece que no es más que un reflejo más de las bajísimas posibilidades que da el mundo para que una mujer pueda combinar la maternidad y profesionalismo de una manera equilibrada y efectiva. Por eso se tienen que tomar decisiones que no siempre satisfacen al 100% lo que realmente quieren.

Conozco pocas mujeres (y miren que conozco muchas) que genuinamente afirman no querer tener hijos y está bien. Pero no es una cuestión de ser más inteligentes o estar mejor preparadas, es porque genuinamente no lo desean, no está en sus planes y es válido. Cómo es válido tener siete o uno o tres.

Se nos juzga si no trabajamos y tenemos ayuda en casa, se nos juzga si decidimos dejar a un lado nuestra carrera profesional por cuidar a nuestros hijos 24/7, se nos juzga si decidimos postergar la maternidad, se nos juzga si optamos por ser amas de casa y se juzga también si optamos por no serlo. ¡Ya basta!

La reflexión del día de hoy y más allá de si en el fondo todas soñamos con ser princesas o no es: permitámonos ser aquello que decidamos sin darle importancia a los comentarios externos, sin dar explicaciones o justificaciones innecesarias. Sin comprarnos ideas de lo que DEBEMOS ser o de los que se espera que seamos.

Liberémonos de esas trabas mentales que nos definen y demos rienda suelta a nuestros sueños y anhelos cualquiera que sean.

Mientras seas feliz sin hacerle daño a nadie es válido cualquier camino, sobre todo si es aquel en el que tu mente y tu corazón se sienten congruentes y estás dispuesta a afrontar las consecuencias.

Lo que opinen los demás es lo de menos.

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